Durante más de un siglo, la idea de que el ayuno puede tratar eficazmente, incluso revertir, la diabetes tipo 2 ha estado circulando en la literatura médica, mucho antes de que la insulina estuviera ampliamente disponible. Hoy en día, con más de 500 millones de adultos en todo el mundo que viven con diabetes y las proyecciones muestran un aumento del 50% en una generación, este enfoque merece una atención renovada.
El precedente histórico: del hambre a la ciencia
El concepto no es nuevo. Ya a principios del siglo XX, se demostró que una restricción calórica severa –a veces rayana en la inanición– eliminaba los síntomas de la diabetes en cuestión de semanas. Los tratamientos de la “Era Allen” del Dr. Allen, que priorizan la pérdida extrema de peso y la restricción de grasa, demostraron ser notablemente eficaces para eliminar el azúcar de la orina de los pacientes en tan solo diez días. ¿La clave? Pérdida de peso sostenida.
Sin embargo, el contexto histórico es crudo. Los primeros métodos fueron brutales: desde la “dieta Rollo” de carne rancia y vómitos inducidos hasta las medidas desesperadas durante los asedios en tiempos de guerra, donde se obligaba a la gente a “comer lo menos posible”. Estas condiciones extremas, si bien demuestran el poder de la restricción calórica, resaltan la naturaleza insostenible de la hambruna pura.
La ciencia detrás de la toxicidad de las grasas
La investigación moderna confirma el principio subyacente: la diabetes es fundamentalmente una enfermedad causada por el exceso de grasa. Los estudios muestran que la infusión de grasa directamente en las venas aumenta rápidamente la resistencia a la insulina, reflejando los efectos de una dieta rica en grasas. Esta grasa se acumula en el hígado, el páncreas y las células musculares, creando un círculo vicioso.
Por el contrario, una restricción calórica drástica (alrededor de 700 calorías por día) extrae grasa de las células musculares, restaurando la sensibilidad a la insulina y reduciendo la grasa del hígado y del páncreas. Esta es la razón por la que perder el 15% del peso corporal puede lograr la remisión en hasta el 90% de las personas diagnosticadas con diabetes tipo 2 durante menos de cuatro años. Cuanto más persiste la enfermedad, más difícil se vuelve revertirla, aunque la remisión sigue siendo posible en aproximadamente el 50% de las personas con más de ocho años de diagnóstico.
Pérdida de peso frente a cirugía: tenedores en lugar de cuchillos
Sorprendentemente, este enfoque simple (pérdida de peso mediante restricción dietética) parece más eficaz que la cirugía bariátrica para lograr la remisión a largo plazo. Perder alrededor de 30 libras puede revertir la enfermedad en muchas personas dentro de los tres años posteriores al diagnóstico, con tasas de remisión que superan las observadas en intervenciones quirúrgicas.
La advertencia: la sostenibilidad es clave
El desafío sigue siendo mantener la pérdida de peso. Recuperar peso casi garantiza el regreso de la diabetes. El descubrimiento de la insulina en 1921 salvó la vida de los diabéticos tipo 1, pero no resolvió el problema subyacente de la diabetes tipo 2 inducida por el estilo de vida. Incluso los primeros pioneros como Elliott Joslin enfatizaron que la dieta y el ejercicio, tal como se practicaban antes de la insulina, siguen siendo fundamentales para un tratamiento eficaz.
En conclusión, si bien el ayuno o la restricción calórica severa no son una solución mágica, la ciencia es clara: la diabetes tipo 2 a menudo es reversible mediante una pérdida de peso sostenida, lo que hace que la intervención dietética sea una estrategia de tratamiento poderosa y potencialmente superior. La clave no es sólo perder peso, sino mantenerlo.




















