Durante décadas, el café se ha enfrentado a una avalancha de advertencias sanitarias que en gran medida han sido desacreditadas por la ciencia. Las primeras preocupaciones iban desde afirmaciones de que el café causaba deshidratación (ignorando el hecho de que el contenido de agua en una taza contrarresta sus leves efectos diuréticos) hasta temores de que causaría ataques cardíacos, derrames cerebrales o retraso en el crecimiento en los niños. Ninguna de estas afirmaciones se mantuvo bajo un escrutinio riguroso.
Sin embargo, una preocupación específica persistió por más tiempo que el resto: la creencia de que la cafeína desencadena ritmos cardíacos anormales, específicamente la fibrilación auricular (AFib). Esta afección ocurre cuando el sistema eléctrico del corazón falla, enviando señales erráticas que pueden hacer que el corazón lata demasiado rápido o de manera irregular. Hasta hace poco, el consejo médico a menudo instaba a los pacientes con antecedentes de fibrilación auricular a evitar la cafeína por completo.
Una nueva investigación sugiere que esta precaución puede haber sido innecesaria y que el café en realidad podría ser beneficioso.
El juicio: cafeína y ritmos cardíacos
Un estudio fundamental publicado en noviembre cuestionó la sabiduría convencional en torno a la cafeína y la AFib. El equipo de investigación llevó a cabo un ensayo aleatorio en el que participaron 200 pacientes con antecedentes de fibrilación auricular. Estos pacientes se habían sometido recientemente a una ablación con catéter, un procedimiento en el que se “desactivan” las vías eléctricas defectuosas del corazón para restaurar el ritmo normal.
Tradicionalmente, los médicos aconsejan a los pacientes que se abstengan de tomar café de forma permanente después de este procedimiento para evitar la recurrencia. Los investigadores decidieron comprobar si esta restricción era realmente necesaria. Dividieron a los pacientes en grupos con diferentes niveles de consumo de cafeína y los monitorearon para detectar signos de reaparición de AFib.
Los resultados fueron contrarios a la intuición: el consumo de café no aumentó el riesgo de fibrilación auricular recurrente. De hecho, los datos indicaron que beber solo una taza de café al día se asociaba con un riesgo reducido de que la afección regresara.
Por qué el café podría ser protector
Si bien el mecanismo exacto sigue bajo investigación, los expertos proponen dos razones principales por las que el café podría ofrecer protección contra los trastornos del ritmo cardíaco:
- Propiedades antioxidantes: El café es rico en antioxidantes que pueden reducir la inflamación. Dado que la inflamación puede contribuir a un ritmo cardíaco anormal, los efectos antiinflamatorios del café podrían ayudar a estabilizar el ritmo cardíaco.
- Desplazamiento de hábitos poco saludables: Los bebedores habituales de café pueden tener menos probabilidades de consumir otras bebidas o alimentos menos saludables que podrían afectar negativamente la salud del corazón. Básicamente, la taza de café podría estar reemplazando una peor alternativa.
Más allá del corazón: beneficios cognitivos
Los efectos protectores de la cafeína parecen extenderse más allá de la salud cardiovascular. Otro estudio reciente destacó una correlación entre el consumo de café y té con cafeína y una menor probabilidad de desarrollar demencia.
Si bien las vías biológicas no se comprenden completamente, los investigadores señalan como un factor potencial las interacciones con los “receptores de adenosina A1 y A2A” en el cerebro. Esto sugiere que los mismos compuestos que nos dan energía por la mañana también pueden desempeñar un papel en la preservación cognitiva a largo plazo.
Conclusión
La narrativa que rodea al café está pasando de una de sospecha a otra de aprecio. Con la desacreditación de los mitos sobre la deshidratación, el retraso en el crecimiento y los ataques cardíacos, los últimos hallazgos sobre la fibrilación auricular solidifican aún más la reputación del café. Más que un peligro para la salud, el consumo moderado de café con cafeína parece ser un hábito seguro y potencialmente protector para la salud del corazón y del cerebro.




















