Manejo de la artritis reumatoide (AR) con la edad: una guía para una vida activa

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La artritis reumatoide (AR) presenta desafíos únicos a medida que las personas envejecen, lo que agrava el deterioro físico natural que surge con el tiempo. Si bien muchos experimentan cambios relacionados con la edad, como reducción de la fuerza y ​​mayor riesgo de enfermedades crónicas, las personas con AR enfrentan estos problemas a un ritmo acelerado y con mayor gravedad. El manejo eficaz requiere un enfoque proactivo y multidisciplinario adaptado a las necesidades específicas de los adultos mayores.

El impacto del envejecimiento en los síntomas de la AR

El envejecimiento normal trae consigo una pérdida gradual de masa muscular y rigidez en las articulaciones. En pacientes con AR, estos efectos se amplifican significativamente. Las investigaciones muestran que las mujeres con AR pierden masa muscular magra tres veces más rápido que aquellas que no padecen la afección. Esto ocurre porque el dolor articular desalienta la actividad física, lo que provoca un mayor debilitamiento y discapacidad.

Más allá de la pérdida muscular, los adultos mayores con AR tienen el doble de riesgo de osteoporosis debido a la inflamación sistémica y al posible uso de corticosteroides a largo plazo. La osteoartritis, que ya es común en personas mayores de 60 años, se vuelve aún más probable en personas con AR, lo que genera dolor articular superpuesto por ambas afecciones.

Complicaciones sistémicas y mayores riesgos

La AR no es sólo una enfermedad de las articulaciones; Es una inflamación sistémica que afecta a todo el cuerpo. Esto aumenta el riesgo y la gravedad de las afecciones relacionadas con la edad:

  • Enfermedad cardiovascular: Las personas con AR tienen de dos a tres veces mayor riesgo de sufrir eventos cardíacos graves que la población general. Los factores que contribuyen incluyen la hipertensión, el tabaquismo, la diabetes y la obesidad, todos ellos más prevalentes en los pacientes con AR.
  • Enfermedad pulmonar: La inflamación puede causar cicatrices en el tejido pulmonar, lo que provoca una enfermedad pulmonar intersticial. Otros riesgos incluyen nódulos pulmonares y bronquiectasias (daño a las vías respiratorias).
  • Enfermedad renal: Tanto la inflamación como el uso prolongado de AINE pueden dañar los riñones.
  • Deterioro cognitivo: Los estudios vinculan la AR con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia debido a la inflamación sistémica.

Estrategias de tratamiento para adultos mayores

A pesar de las preocupaciones sobre los efectos secundarios, el tratamiento agresivo de la AR sigue siendo fundamental incluso en los adultos mayores. Las investigaciones muestran que la AR no tratada puede acortar la vida útil en un promedio de 18 años debido a un ataque cardíaco o un derrame cerebral. Los médicos deben sopesar los riesgos cuidadosamente, pero los medicamentos más nuevos y seguros desarrollados durante los últimos 25 años ofrecen opciones efectivas.

Es esencial un enfoque colaborativo, en el que los reumatólogos trabajen junto con cardiólogos, endocrinólogos y nefrólogos para prevenir interacciones farmacológicas y controlar las comorbilidades. Los corticosteroides pueden empeorar la osteoporosis, mientras que los AINE pueden dañar los riñones debilitados. Sin embargo, estos problemas a menudo pueden mitigarse ajustando los regímenes de medicación.

Soluciones prácticas para la vida diaria

El autocuidado es primordial. Las adaptaciones a las rutinas diarias pueden mejorar significativamente la calidad de vida:

  • Ejercicio que favorece las articulaciones: La actividad regular de bajo impacto, como caminar o hacer aeróbic acuático, reduce la inflamación y fortalece los músculos. El Tai Chi y el yoga suave también pueden mejorar el equilibrio y la flexibilidad.
  • Conservación de energía: La fatiga es común, por lo que es vital controlar el ritmo de las actividades y tomar descansos frecuentes.
  • Entablillado: Inmovilizar las articulaciones durante el sueño o el descanso puede minimizar el dolor y la inflamación.
  • Tecnología adaptable: Las herramientas ergonómicas, los asistentes activados por voz y los organizadores de pastillas pueden facilitar las tareas diarias.
  • Modificaciones de seguridad en el hogar: Reducir el desorden, instalar barras de apoyo y garantizar que las alfombras antideslizantes prevengan caídas y conserven energía.

Buscando apoyo

La gestión eficaz de la AR requiere un enfoque de equipo. Además de los médicos especialistas, los fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales pueden brindar apoyo específico:

  • Fisioterapeutas: Concéntrese en el movimiento, la fuerza y la flexibilidad.
  • Terapeutas ocupacionales: abordan los problemas de dolor y destreza de la parte superior del cuerpo, recomiendan dispositivos de asistencia y colocan entablillados.
  • Profesionales de la salud mental: Manejan la depresión, la ansiedad y el dolor crónico.
  • Grupos de apoyo de pares: Ofrecen apoyo emocional, consejos prácticos y experiencias compartidas.

La artritis reumatoide acelera el deterioro relacionado con la edad, aumentando el riesgo de osteoporosis, enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo. El tratamiento agresivo, aunque seguro, con fármacos modernos sigue siendo fundamental para mejorar la longevidad y la calidad de vida. Combinar la atención médica con estrategias prácticas de autocuidado y tecnologías de asistencia puede ayudar a los adultos mayores con AR a vivir de forma activa y cómoda.