Tres segundos. Ese es aproximadamente el tiempo que puedes mantener el esfuerzo máximo utilizando sólo el ATP que ya flota dentro de tus células musculares. Después de eso, te quedarás vacío.
Para cerrar esa pequeña brecha, su cuerpo depende de un respaldo de alta energía llamado fosfato de creatina. Se encuentra en la célula muscular, esperando una señal. Cuando presionas con fuerza, una enzima conocida como creatina quinasa arranca un grupo fosfato del fosfato de creatina. Lanza ese fosfato sobre una molécula de ADP, regenerando instantáneamente el ATP.
Este ciclo es rápido. La célula quema ATP para convertirlo en ADP y el sistema de fosfágenos vuelve a llenar el tanque inmediatamente. Pero no es un recurso renovable. A medida que sigues trabajando, las reservas de fosfato de creatina se agotan. La combinación de estas dos moléculas (el ATP y el fosfato de creatina) forma lo que los científicos llaman el sistema de fosfágeno.
Es poderoso. Suministra energía a un ritmo que la mayoría de los demás sistemas no pueden igualar. Pero también es fugaz. El sistema de fosfágenos puede impulsar el trabajo de alta intensidad durante sólo unos 8 a 10 segundos. Después de eso, tienes que cambiar de marcha.
